Ocultándose
bajo la luz cutánea de tus ojos
desprevenidadespavorida:
............tu voz.
Silencioso
en los espejos donde aun no nos recuerdan
Silencioso
perdiendo aquellas piedras
las altas
............las altas
Aquella fortaleza creada por tu
silencio
es inmensa
.................inmensa
Tus estrillísticos espejos
se sitúan donde la luna azul
solamente nos puede unir.
Eres sangre
Así te quedarás
Sangre
Y espero que nunca
te coagules.
jueves, 10 de enero de 2008
domingo, 6 de enero de 2008
Viento y navegación
A la chica que subió al carro y me ayudó a escribir este poema.
Entre matorrales,
oscuros por el viento
un río de plata,
único y perplejo
se desborda.
Una sonrisa
danza sobre el reloj: es la noche…
quizás hoy más oscura que tu voz.
Sigo observando tu bosque: ondulado y azabache
me imaginas en una barca
el sol caminando de puntillas sobre ese río.
Río de plata.
Y continúo,
mareas altas,
desbordan orillas,
desbordan matorrales.
Antes eras preciosa
antes cubrías tu sexo con un dedo
Y ahora
me profundo
me interno
me sumerjo…
Siguen dándose más ríos.
Risas ajenas: tronan piedras.
Risas ajenas: tronan cascadas
Y continúo/mareas bajas
van creciendo como riachuelo,
como oasis
Ahora existe un puerto
un puerto completo de risas
donde tu soledad feliz echa anclas
cual barco
cual navegación
Y hoy me he dado cuenta que ya no eres la misma
Esas cascadas de plata se han vuelto orillas de elefante
Y estás débil,
y estás terca,
y estás cubierta de estrellas…
tus pasos son monosilábicos
Y continúo
¿por qué pesa tanto la vida en un frasco de plata?
José Chacchi Paniagua
sábado, 29 de diciembre de 2007
domingo, 23 de diciembre de 2007
sábado, 22 de diciembre de 2007
Paolo Astorga: Un gran amigo en la poesía.
Bueno, cuando conocí a Paolo no fue de una buena manera, existía una desiquilibrio de posiciones. Conversamos rápidamente de una obra de Iván Thays, nos reímos y la charlas fueron siendo más continuas. Me invitó a que publicara en su revista digital, hasta ahora tengo ese compromiso pendiente. A sus recitales, tengo realizado un único recital junto a él. Nos volvimos muy buenos amigos. Ingresó a la Universidad donde pertenezco, fue más accesible de esa manera, ya que pudimos trabajar con un grupo de personas que también amaban la poesía, el arte y todo lo que sea referido con la cultura. Nos juntamos y un día con dos seres que ya no tenemos conocimiento de su paradero fundamos un grupo literario que llevaba el nombre de "Letra en Llamas", tanteamos antes varios nombres, como "Puta Letra" o jocosamente "Puta en llamas" queriendo sacar a flote nuestra piromanía. Quedó como "Letra en Llamas". Creamos un blogs que fue un fiasco ya que andie publicaba, ahora tenemos otro que está mejorcito pero ya lo estamos dejando de lado (un jalón de orejas a eso). Dimos un recital bueno en la Universidad, la gente ya nos conocía por lo locos que éramos y seguiremos siendo. Fue muy importante conocer a un hombre que tiene tantas ganas de hacer algo por el arte. Dado esto, desde acá le mandó un gran saludo y un abrazo fraterno a un gran amigo que me insitó a escribir, publicar. Gracias. No te olvides que tenemos un Recital el primer viernes de Enero. Cuídate y seguiremos trabajando por la poesía. Un salud con un vaso lleno de letras (ya que el vino está excaso).
José Milton Chacchi Paniagua.
Editor del espacio "Letra Nova"
Amigo de Paolo Astorga.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Cantos y comentarios.
Una visión panorámica del mundo poético de Antonio Cisneros
Desde Destierro (1961) hasta Un crucero a las islas Galápagos (2005), la poesía de Antonio Cisneros se revela, en sus varias escalas, como la crónica lírica de una experiencia cuyo signo es el viaje. De la distancia y los encuentros, así como de los hallazgos y los extravíos, da cuenta una escritura que se orienta en las aguas -con frecuencia agitadas- de la historia comunitaria y personal. Carta de navegación y cuaderno de bitácora, la obra de Cisneros fija con inteligencia sus coordenadas para trazar los avatares y las aventuras de un sujeto a la vez único y plural.
Desde Destierro (1961) hasta Un crucero a las islas Galápagos (2005), la poesía de Antonio Cisneros se revela, en sus varias escalas, como la crónica lírica de una experiencia cuyo signo es el viaje. De la distancia y los encuentros, así como de los hallazgos y los extravíos, da cuenta una escritura que se orienta en las aguas -con frecuencia agitadas- de la historia comunitaria y personal. Carta de navegación y cuaderno de bitácora, la obra de Cisneros fija con inteligencia sus coordenadas para trazar los avatares y las aventuras de un sujeto a la vez único y plural.
"El puerto/ casi ha llegado/ hasta los barcos" declaraba, con circunspecta melancolía, la voz poética en el libro del noviciado. Cuarenta y cuatro años más tarde, un hablante febril y clarividente dice, en el primer poema en prosa de Un crucero a las islas Galápagos: "No es en esos meandros, donde viven los peces de agua dulce, que yo el gran capitán broadcaster destajero, con cien pesos al mes mientras navego y ciento treinta cuando estoy en tierra, he sentido terror por lo que resta de mi ordinaria vida". Significativamente, entre los escenarios emblemáticos de la poesía de Antonio Cisneros destacan las riberas y los litorales: bordes cambiantes que unen y deslindan, márgenes donde se deciden los destinos y se realizan
los balances. Los puntos de partida y de llegada incitan al examen de una existencia que se descubre en el tiempo y sus cambios: es lo que se advierte desde los títulos mismos de "Entre el desembarcadero de San Nicolás y este gran mar" y "Medir y pesar las diferencias a este lado del canal", dos poemas capitales de Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), que ganó el Premio Casa de las Américas, de Cuba, cuando éste era el galardón más prestigioso para la poesía en castellano.
LAS PERSONAS DEL POETA
Poeta mayor de la llamada generación del 60 en el Perú y figura de primer orden en la lírica castellana contemporánea, Cisneros moldea en la forma flexible y abarcadora de su poesía -vitalista y culta, coloquial y arcaizante, épica y confesional, cosmopolita y arraigada en la vida peruana- materiales en apariencia disímiles: el ámbito de la escritura comprende, holgadamente, tanto a la larga duración histórica como a la actualidad doméstica. Reacio a dividirse entre el impulso cívico y la cavilación intimista, el poeta no cede ante la falsa dicotomía entre la realidad colectiva y la experiencia individual: la primera persona de la poesía se convierte en una asamblea de voces y en un teatro de perspectivas. En Ezra Pound y, sobre todo, en Bertolt Brecht, halló Cisneros pistas y propuestas que habría de incorporar creativamente a su quehacer. A través del monólogo dramático y de un reparto versátil de presencias, el poeta amplía la órbita de su expresión.
Ya en David (1962), el rey poeta es la persona (persona, en el teatro clásico latino, designa a la máscara del actor) que representa el drama de su vida y lo somete al juicio ajeno. En Monólogo de la casta Susana y otros poemas (1986) una figura bíblica -Susana, perseguida y hostigada por "los viejos repelentes"-y un poeta de fama universal -un Goethe que, en su ancianidad, no olvida "el vivo deseo por Annette"- son los otros en los que se refracta el poeta. En el segundo libro de Cisneros, David es un ser complejo y, por eso, irreductible a una sentencia: héroe, adúltero, monarca y poeta, el personaje merece, según las circunstancias, la adhesión o la crítica de su cronista. La simpatía o el sarcasmo envuelven la crónica del rey, pero la dimensión más genuina y plena del David de Cisneros (o, si se quiere, de Cisneros en David) se revela cuando toma la palabra, como en "Canto al Señor": "Estoy acostumbrado al amor,/sin embargo conozco tu silencio". La plegaria precede en más de una década a una de las entregas principales de Cisneros, El libro de Dios y de los húngaros (1975), que alberga la vivencia de la conversión religiosa y donde figura "Domingo en Santa Cristina de Budapest y frutería al lado", acaso el poema más bello -por su tersa dicción, por el modo en que sostiene un tono jubilosamente ceremonial y por la impecable plasticidad de las imágenes-que haya escrito Antonio Cisneros. Comentarios reales (1964) es el libro que sigue a David. Después de la incursión heterodoxa en la historia sagrada, le tocaba el turno a la intervención polémica en la historia nacional. La alusión paródica a la obra del Inca Garcilaso de la Vega exhibe, sin subterfugios, el propósito contestatario del autor, que a los 22 años recibió por ese volumen el Premio Nacional de Poesía. El homenaje más asiduo, sin embargo, ha sido el de la imitación: las revisiones versificadas del pasado peruano se multiplicaron a partir del modelo de Comentarios reales. El ingenio crítico de Cisneros se luce, sobre todo, en los poemas satíricos (como, por ejemplo, "Oraciones de un señor arrepentido" o "Descripción de plaza, monumento y alegorías en bronce"). Es notable también su laconismo, que fue un antídoto necesario contra la retórica torrencial de los epígonos del Neruda de Canto general o del Vallejo de España, aparta de mi este cáliz. En Crónica del Niño Jesús de Chilca (1981), Cisneros retoma la mirada histórica y la voluntad crítica de Comentarios reales, pero rectifica la escala y los procedimientos del proyecto: las voces de los poemas -salvo la del último, el excelente "Entonces en las aguas de Conchán (verano de 1978)"- proponen versiones estilizadas de los testimonios ofrecidos por informantes de una comunidad campesina, de antigua memoria y agónico presente, en la costa sur de Lima.
POESÍA DE LAS CIUDADES
A los 26 años, con Canto ceremonial contra un oso hormiguero, Antonio Cisneros publicó uno de los libros más importantes de la poesía latinoamericana del siglo XX. Diestra interpelación de cierta idiosincrasia limeña, encarnada en el maledicente "oso hormiguero", el poemario es una toma de posición -aguda y ferozmente irónica, pero también nostálgica y emotiva- frente al entorno familiar, la propia biografía y la ciudad en la que se crió el poeta. "Y tuve una muchacha de piernas muy delgadas. Y un oficio./ Y esta memoria -flexible como un puente de barcas-/ que me amarra/ a las cosas que hice/ y a las infinitas cosas que no hice,/ a mi buena o mala leche, a mis olvidos./ Qué se ganó o perdió entre estas aguas./Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mi", dicen los versos finales de "Crónica de Lima". En Canto ceremonial contra un oso hormiguero, el hablante lírico es protagonista y testigo: el yo confesional tiene la densidad y el perfil de un personaje, de una presencia activa en el teatro del mundo. La tragicomedia en la cual actúa -y en la que se decide el destino de su palabra- es la de la comunicación. Así, el canto ceremonial de la poesía combate a quien, con su mala fe, vicia el diálogo social. Otra urbe -Londres, que es donde escribe el poeta su libro- se presenta también como escenario del habla y la experiencia, en poemas como "Karl Marx died 1883 age 65" o "Kensington, primera crónica".
El agotamiento de la primera aventura europea del poeta es el sustento existencial de Como higuera en un campo de golf (1974), que es el más grueso de los volúmenes publicados por Cisneros y, sin duda, el más cáustico y agrio de todos. Los poemas de desamor (como "Cuatro boleros maroqueros" o "Dos sobre mi matrimonio uno") y los de balance de la vida de expatriado ( como "Londres vuelto a visitar, arte poética 2" o "A dedo hasta Florencia") son imprescindibles en la más sumaria de las antologías de Cisneros. A pesar de su excelencia formal, el libro marca un callejón sin salida: el desencanto cubre todo, incluida la poesía misma.
Para que la travesía continuara, fue necesario el retorno a la fe: el verbo renace -celebratorio y solidario, sereno e íntimo- en El libro de Dios y de los húngaros. Poesía religiosa de alta ley, como la de los sonetos a la Virgen, de José Lezama Lima, o la de Telescopio en la noche oscura, de Ernesto Cardenal, es la de El libro de Dios y de los húngaros, que inicia en la obra del poeta un segundo ciclo, el cual parece cerrarse en Las inmensas preguntas celestes (1992), donde la atmósfera de crisis y desasosiego replica, bajo otras circunstancias, el clima de Como higuera en un campo de golf. Sin embargo, la última palabra no estaba dicha. Después de un silencio editorial de trece años, Un crucero a las islas Galápagos (2005) demuestra, en el claroscuro visionario de su imaginería y la ardiente intensidad de su dicción, que la poesía de Antonio Cisneros sigue abierta a las aventuras del lenguaje y a los descubrimientos de la experiencia.
Por Peter Elmore
La dura piel del solitario
A 150 AÑOS DEL NACIMIENTO DE JOSEPH CONRAD
A comienzos de 1905, cuando Joseph Conrad viajó con su familia a Capri, se encontraba bastante frustrado con su vida de escritor. El año anterior había terminado una de sus obras maestras, Nostromo, lo que le había granjeado algunos comentarios favorables. Su nombre tenía ya un cierto prestigio en los círculos literarios ingleses. Sin embargo, era una época difícil. Su esposa Jessie tenía una dolencia en la rodilla, y había hecho el viaje en una silla de ruedas. Por otro lado, él nunca se había recuperado de sus ataques de gota y de las consecuencias de una malaria. El esfuerzo de escribir Nostromo lo había dejado exhausto.
Sin embargo este libro, sin duda una obra maestra, había sido un fracaso en las ventas. Hasta entonces había vivido con préstamos bastante frecuentes de su agente Pinker. Y los ingresos por sus libros eran mínimos (en una carta a un amigo contabilizó que sus ganancias del año 1908 llegaron apenas a las cinco libras).
Por otro lado, Nostromo no era una obra insular. Ya había escrito otros libros que él intuía que eran importantes (en realidad eran obras magníficas): El corazón de las tinieblas, El negro del Narciso y Lord Jim iban a ganar cada vez más lectores en el siglo que empezaba. Ninguna de estas había sido bien recibida por el público. Pero él había estado seguro de que con Nostromo, la historia iba a cambiar. Pero nada de eso ocurrió, y pocos lectores ingleses se interesaron.
Tratando de olvidar lo que consideraba un fracaso, Conrad sintió que podía sufrir un periodo de esterilidad. En una carta que le manda a Edmund Gosse, le dice que teme sufrir el mal de aquello que Baudelaire llamaba la "esterilidad nerviosa del escritor". Ya por entonces Conrad comparaba la actividad del escritor a la del minero. "Me siento como un excavador del carbón hundido en su fosa que tiene que extraer sus frases de la noche", le escribe a Gosse. Más tarde, en otra carta, diría: "Durante todos estos años, a lo largo de mi trabajo, he vivido en una caverna sin ecos".
El viaje a Capri, sin embargo, tuvo un inesperado evento favorable. Conrad recibió la noticia de que el rey, en mérito a su dedicación al oficio literario, le ofrecía una donación de quinientas libras. Este dinero sería parte del fondo con el que Conrad iba a vivir mientras realizaba su venganza, una de las más extraordinarias de la historia literaria. Iba a salir publicada en 1907, bajo el nombre de
El agente secreto. El agente secreto presenta un Londres sombrío, poblado de personajes oscuros, patéticos y violentos. A diferencia de sus libros anteriores, es una novela sin héroes, su respuesta a una ciudad que lo rechazaba. Basada en un caso real, es ante todo la historia del señor Verloc, un hombre de aspecto opaco que camina por Londres con un abrigo en cuyo interior hay un arsenal de explosivos. Verloc es un terrorista cuya misión (probablemente encargada por el gobierno ruso) es hacer volar el observatorio de Greenwich. Para ello, busca la ayuda de Stevie, el hermanito desvalido de su esposa Winnie. Cuando Stevie tropieza y cae llevando la bomba destinada a Greenwich, la policía británica tiene que buscar una escoba para recoger sus restos. Luego de que Winnie descubre que Verloc es el responsable de la muerte de su hermano, se produce (en el largo y maravilloso capítulo once) una de las escenas de crimen más memorables que se hayan escrito. El señor Verloc ve a su mujer coger con movimientos pausados un cuchillo de trinchar ("lo suficientemente pausados para que él comprendiese plenamente el significado del portento y saborease el gusto de la muerte subiéndole por la garganta") (1). Los capítulos once y doce de El agente secreto forman una secuencia extraordinaria, creo que lo mejor de una obra cumbre como la suya. Aún así, cuando el libro sale publicado, Conrad es acusado de inmoralidad y de violencia en sus temas. Por lo demás, como siempre, es ignorado. Sin embargo, cuando ya no esperaba el éxito, éste le llegó de pronto gracias a una novela llamada Chance (1914) que sin duda no es de las mejores. El éxito de Chance lo convierte inesperadamente en un hombre solvente, pero felizmente mantiene con el éxito una relación distante. Sigue trabajando con una severidad implacable, inmune a los elogios y a los réditos económicos (que iban a convertirlo en un ídolo en los Estados Unidos, a donde viajaría poco antes de su muerte). Publica al menos una obra maestra más, antes de morir, La línea de la sombra, en 1917. Su temperamento ensimismado lo había protegido. Si había resistido al fracaso, resistiría al éxito con la misma perseverancia. Tenía la piel dura del solitario.
EL ETERNO EXTRANJERO
Aún hoy, quizá Conrad tendría motivos para no sentirse del todo aceptado por los ingleses. No es de extrañar que el 150 aniversario de su nacimiento (el último tres de diciembre) haya pasado casi inadvertido. Una nota del diario "The Independent" hace notar que el único indicio que queda de la vida de Conrad en Londres es una placa azul en un edificio donde compartió un cuarto con varios otros huéspedes. Hay otra pequeña placa en Kent, donde vivió con su familia. Con ocasión de este aniversario, la sociedad Conrad solicitó que el Servicio Postal hiciera un retrato del escritor pero la petición cayó en saco roto. Y sin embargo, en una ocasión, Conrad le dijo a un amigo inglés, "Soy más inglés que tú, porque yo elegí serlo".
En realidad, Conrad no era un inglés ni un polaco ni un europeo ni un extranjero sino todo aquello junto. Hijo del nacionalista polaco Apollo Korzeniowski, a los cinco años (en 1862) acompaña a su familia a una prisión rusa, en Siberia, un castigo por las actividades políticas de su padre. Poco después su madre muere de tuberculosis y cuando Conrad tiene apenas doce años, ve morir a su padre, que es enterrado en Cracovia. Huérfano de padre y madre queda al cuidado de su tío Tadeo hasta los dieciséis años cuando abandona Polonia para ir a Marsella. Ahí iniciará su vida en la marina mercante. Para entonces, aunque era un muchacho, su vida había estado tan llena de eventos que tenía la experiencia de un adulto. Al subir al tren que lo exilaba de Polonia, sintió que "se subía a un sueño".
En realidad, Conrad no era un inglés ni un polaco ni un europeo ni un extranjero sino todo aquello junto. Hijo del nacionalista polaco Apollo Korzeniowski, a los cinco años (en 1862) acompaña a su familia a una prisión rusa, en Siberia, un castigo por las actividades políticas de su padre. Poco después su madre muere de tuberculosis y cuando Conrad tiene apenas doce años, ve morir a su padre, que es enterrado en Cracovia. Huérfano de padre y madre queda al cuidado de su tío Tadeo hasta los dieciséis años cuando abandona Polonia para ir a Marsella. Ahí iniciará su vida en la marina mercante. Para entonces, aunque era un muchacho, su vida había estado tan llena de eventos que tenía la experiencia de un adulto. Al subir al tren que lo exilaba de Polonia, sintió que "se subía a un sueño".
A lo largo de su vida en la marina se interna en el Congo, de donde iba a extraer los materiales para El corazón de las tinieblas. Su visita a Venezuela y a Colombia, por otro lado, iba a servir de inspiración para Nostromo. En 1877, de vuelta en Marsella, participa en una organización que le contrabandea armas a los carlistas. Se enamora de una joven húngara llamada Paula, quizá una amante del mismo Don Carlos. Como consecuencia de esta relación se bate a duelo con un americano llamado John Blunt. Un año después intenta suicidarse, disparándose un tiro en el pecho.
Su tío Tadeo va en su auxilio y le paga todas sus deudas. Pero en enero de 1894 sufre la desgracia de la muerte de su tío. Conrad deja para siempre su vida de marino. Ha decidido convertirse en un escritor con una novela llamada La locura de Almayer, que le dedica a su protector.
En 1896 iba a casarse con la inglesa Jessie George, una mecanógrafa de temperamento apacible, que administró lo mejor que pudo sus arranques de violencia y sus periodos de mutismo. En 1899 iba a publicar por entregas su primera obra maestra, El corazón de las tinieblas. En los treinta años que van de 1894 a 1924 (muere de un infarto en agosto de ese año), iba a dedicarse por entero a la literatura. Alguna vez iba a definir la vocación del escritor con una frase apropiada en su caso: "transformar la energía nerviosa en palabras". Aunque no lo había aprendido del todo hasta los veintiún años, el inglés fue el idioma que eligió como lengua literaria. Quizá el hecho de que viniera al idioma desde afuera lo ayudó a descubrir sus posibilidades mejor que un hablante nativo. El inglés de Conrad es uno de los más complejos e intensos de un escritor de esa lengua en cualquier época.
Era por otro lado, un idioma con el que ya se había familiarizado en su infancia, gracias a las conversaciones sobre Shakespeare con su padre (uno de sus traductores). Según su biógrafo Leo Gurko, la idea shakesperiana de un héroe solitario, arrojado a un mundo hostil, contra el que tiene que lidiar, aparece en los héroes conradianos con frecuencia. Nostromo, Lord Jim, Verloc, son en cierto modo reproducciones de Hamlet y de Othello. El rasgo fundamental en todos ellos es la percepción de un entorno hostil, una sensación típica de un hombre que siempre fue un extranjero.
En sus cartas, confesaba que le interesaba contestar de alguna manera a la pregunta de qué es lo que hace que los seres humanos continúen con sus vidas, al margen de las leyes morales o de los principios legales. La respuesta, creo, es el apego a la realidad que los hombres comparten. Para Conrad, la realidad era un espacio infinito de exploración, un universo místico, inesperado, lleno de aventuras, capaz de producir la mayor variedad de registros. Ese apego a la aventura, a la exploración y al redescubrimiento de la realidad sostiene a sus héroes. Nunca quiso entender sino ser plenamente consciente de la vida de sus personajes y de la suya propia. La frase de Linda Viola a Nostromo en el final de la novela, lo expresa: "No lo puedo entender. Pero nunca te olvidaré. Nunca."
Por Alonso Cueto
(1) Tomo la traducción de Héctor Silva en la edición de Cátedra. Madrid, 1995
(1) Tomo la traducción de Héctor Silva en la edición de Cátedra. Madrid, 1995
Fuente "El dominical" suplemento de "El comercio"
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